En plena época de sequías e inundaciones en gran parte del mundo, el debate sobre la seguridad alimentaria toma más relevancia. Y es que las catástrofes climatológicas ponen en riesgo miles de hectáreas de campos de cultivo, especialmente en Latinoamérica, una de las regiones más vulnerables
Sólo en la región, Argentina, por ejemplo, registra el verano más caluroso de su historia, mientras que en Perú, las inundaciones producto del ciclón Yaku y un probable fenómeno del Niño Costero, amenazan la campaña de muchos productos agrícolas. La historia (de sequía o inundación) se repite en varios países, incluido Chile, que en los últimos meses se ha enfrentado a las llamas de una serie de incendios forestales.
Es precisamente este país sudamercano que desde hace algunos años ha visto en la innovación y desarrollo una apuesta segura para garantizar la sustentabilidad de los alimentos del futuro. Para ello, en 2016 y bajo el alero de Corfo, se creó el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), una corporación público-privada que tiene como objetivo convertir a Chile en una de las potencias mundiales en producción de alimentos sofisticados y sustentables.
El origen de CeTA se remonta a 2014, cuando se hizo un estudio junto al BID que identificó que las exportaciones de alimentos de Chile, durante los últimos 10 años -de ese momento- se habían duplicado. “Pasaron de US$ 8.000 millones a US$ 16.000 millones, tras aumentar la superficie de áreas de cultivo y cambiar a cultivos de frutas y hortalizas de mayor valorización. El ejemplo típico son la producción de cerezas, impulsada por la demanda de China, versus las manzanas, que era lo que generalmente producía Chile. No obstante, en el largo plazo ese aumento de superficie o cambios de cultivo no iba a ser sustentable o sostenible porque Chile tiene una crisis hídrica importante”, dice Jean Paul Veas, director ejecutivo de CeTA.
Para Veas, otro factor que presiona la continuidad de los productos agrícolas es la migración de personas desde los campos hacia las ciudades, por lo que la mano de obra es también un recurso escaso. “Las ciudades han ido creciendo y los terrenos son más caros, por lo tanto, para volver a duplicar en los próximos 10 o 15 años esa matriz de exportaciones de productos agroalimentarios se necesitaba tener mayor tecnología e innovación y se dieron las brechas que tenía en ese momento Chile y se vio que efectivamente había que darle más dinamismo a la innovación”, dice.
El centro se adjudicó en 2016 a cuatro universidades -Católica, de Chile, de La Frontera y la de Talca- y junto a la Fundación Chile son los socios dueños de la corporación con subsidio público (el gobierno chileno aportó cerca de US$ 15 millones). En 2020, la corporación llega al punto de equilibrio gracias a los ingresos generados por los servicios prestados a empresas. Actualmente,cuenta con tres plantas: una en el norte del país, en Coquimbo, una en el sur en la ciudad de Temuco y el centro principal ubicado en el Parque Carén inaugurado el 2021.