La integrante del Comité de Innovación de CENEM y Americas Region Sustainability & Circular Economy Lead de Siegwerk, aborda los principales desafíos que enfrenta la industria de envases y embalajes, las tendencias que están marcando su transformación y el rol de la innovación para avanzar hacia soluciones más circulares, trazables y competitivas.
La industria de Packaging atraviesa un proceso de transformación impulsado por nuevas exigencias regulatorias, avances tecnológicos y una creciente demanda por soluciones más sostenibles. En este escenario, la innovación adquiere un papel estratégico para las empresas, no solo como una vía para desarrollar nuevos productos y materiales, sino también como una herramienta para adaptarse, generar valor y fortalecer la competitividad.
En esta entrevista, María José Ascencio profundiza en estos desafíos y en las principales tendencias que están transformando el sector.
¿Cuál dirías que es hoy el principal desafío de innovación que enfrenta la industria de envases y embalajes en Chile?
Considero que el desafío actual no es simplemente innovar, sino innovar con una dirección clara.
Desde mi participación en el Comité, observé que uno de los principales desafíos es comprender con claridad las rutas de transformación que están definiendo al sector, tanto a nivel global como local, especialmente en materia regulatoria. Esa visión es fundamental para orientar la innovación con menor riesgo y mayor impacto.
Hoy vemos una amplia oferta de desarrollos tecnológicos, nuevos materiales y soluciones presentadas como “más sostenibles”. Sin embargo, el desafío para mí no está en incorporar novedades, sino en identificar cuáles son capaces de generar valor real en nuestro contexto productivo y responder de manera efectiva a las exigencias del mercado, la regulación y los consumidores.
En este escenario, la innovación dejó de ser una iniciativa asociada únicamente al diseño o a la incorporación de materiales novedosos. Se ha transformado en una herramienta estratégica clave para asegurar competitividad, cumplimiento y sostenibilidad en el largo plazo.
Estamos viviendo un punto de inflexión para la industria. La velocidad de los cambios exige tomar decisiones con mayor respaldo técnico, económico y estratégico. Y para ello, Chile cuenta con una ventaja relevante: espacios de articulación como CENEM, que permiten alinear esfuerzos y acelerar la adopción de soluciones con impacto real.
Pero, además, veo una oportunidad especialmente valiosa en cómo esta transformación puede impulsar capacidades de desarrollo y producción local. Si logramos orientar correctamente la innovación, Chile no solo podrá adaptarse a las nuevas exigencias globales del packaging, sino también fortalecer su ecosistema industrial, generar conocimiento y capturar más valor dentro del país.
Esa es, a mi juicio, una de las oportunidades más interesantes que tenemos por delante.
El Comité de innovación definió tres grandes focos de trabajo para 2026. ¿Qué avances concretos han logrado hasta ahora y qué esperan conseguir de aquí a fin de año?
Los tres focos definidos por el Comité, son el marco regulatorio, certificación y trazabilidad; innovación en materialidad y reciclabilidad real; y educación junto a la promoción de modelos económicamente viables, responden a los principales desafíos que enfrenta hoy la industria.
Personalmente, resulta interesante que mi primera participación en el Comité fue precisamente para compartir una visión sobre los principales drivers de sostenibilidad que están impulsando la innovación a nivel global. Desde ese momento observé algo que considero un logro muy valioso: generar espacios de discusión técnico-comercial con alto nivel de interés, colaboración y apertura para aprender.
Puede parecer algo intangible, pero en una industria que atraviesa cambios tan profundos, construir entendimiento compartido es fundamental. No diría que hoy tenemos todas las respuestas, pero sí hemos avanzado hacia algo muy relevante: colaborar para reducir la incertidumbre y construir criterios comunes que nos permitan innovar con mayor claridad y menor riesgo.
En el ámbito regulatorio, hemos trabajado en comprender los cambios que están redefiniendo el sector, desde iniciativas vinculadas a reciclabilidad y economía circular, hasta nuevas exigencias de responsabilidad extendida del productor, trazabilidad y transparencia de información. Si bien muchos de estos marcos aún están evolucionando, estamos impulsando iniciativas tangibles en el Comité que permitan traducir esos requerimientos en herramientas prácticas para las empresas y facilitar una mejor toma de decisiones.
Respecto a innovación en materialidad y reciclabilidad, hemos promovido el intercambio técnico entre distintos actores de la cadena de valor, entendiendo que la innovación debe contemplar no solo el diseño del envase, sino también su capacidad real de ser recuperado y valorizado dentro de los sistemas existentes. La circularidad requiere una mirada sistémica.
Finalmente, en educación y viabilidad económica, hemos buscado acercar estos temas a las empresas a través de tendencias, experiencias y casos concretos que demuestran que sostenibilidad y competitividad no son objetivos opuestos, sino cada vez más complementarios.
Espero que podamos seguir fortaleciendo esta red de colaboración y avanzar hacia herramientas y proyectos más concretos que ayuden a las empresas a transformar conocimiento en implementación. Al final, el objetivo no es solo entender hacia dónde va la industria, sino generar las condiciones para que la innovación ocurra de manera efectiva y con impacto real en el mercado chileno.
¿Qué factores son clave para que una innovación pueda pasar del desarrollo a su implementación en el mercado?
Creo que existen tres factores fundamentales para que una innovación logre pasar del desarrollo a una implementación exitosa en el mercado.
El primero es que responda a una necesidad real. La innovación no genera impacto por ser novedosa, sino porque resuelve un desafío concreto para las empresas, los consumidores o la cadena de valor. Cuando una solución no aborda un problema real, difícilmente logra escalar.
El segundo factor es la colaboración. En packaging, las innovaciones rara vez dependen de un solo actor. Proveedores de materias primas, tintas y coatings, convertidores, dueños de marca y otros actores de la cadena forman parte de un ecosistema interconectado. Mientras antes se incorporen estas miradas al proceso, mayores son las posibilidades de implementación.
Y el tercer factor, que considero especialmente importante, es la viabilidad. Muchas soluciones funcionan técnicamente en etapas piloto, pero el verdadero desafío es demostrar que pueden integrarse de manera eficiente a los procesos existentes, mantener el desempeño esperado y generar valor económico para quienes las adoptan.
En este punto, hay algo que me parece importante destacar: la innovación más exitosa no siempre es la más disruptiva; muchas veces es la que logra generar más valor aprovechando mejor las capacidades que ya existen. Tendemos a asociar innovación con tecnologías completamente nuevas, cuando en muchos casos los avances más relevantes provienen de mejorar, optimizar o dar nuevos usos a soluciones que ya han demostrado ser efectivas y escalables.
Para mí, el éxito de la innovación en empaque ocurre cuando esas ideas logran combinar desempeño técnico, sostenibilidad y viabilidad de negocio.
Desde el punto de vista del Comité de Innovación de CENEM, ¿Cuáles son las principales tendencias que están marcando el desarrollo de nuevas soluciones de Packaging?
Estamos viendo varias tendencias converger al mismo tiempo, pero si tuviera que resumirlas, diría que el packaging está evolucionando desde una lógica centrada en el envase hacia una lógica centrada en sistemas, con soluciones cada vez más circulares, trazables, eficientes y respaldadas por una visión sistémica.
La primera gran tendencia es el diseño para la circularidad. Cada vez más, los envases se desarrollan considerando desde su origen qué ocurrirá con ellos al final de su vida útil, buscando facilitar su reutilización, reciclaje o valorización dentro de sistemas reales.
Una segunda tendencia es la simplificación. Hoy existe una fuerte búsqueda por reducir complejidad, ya sea a través de estructuras más simples, menor cantidad de materiales o diseños que faciliten la recuperación de los recursos. En muchos casos, la innovación está en diseñar mejor con menos.
También observamos una creciente demanda por materiales y soluciones con menor impacto ambiental, incluyendo la incorporación de contenido reciclado y el desarrollo de alternativas que permitan reducir la huella de carbono sin comprometer el desempeño que requieren los productos y las marcas.
Por otra parte, la trazabilidad y la digitalización están comenzando a transformar la industria. Herramientas como los pasaportes digitales de producto, la gestión de datos y las tecnologías de seguimiento serán cada vez más importantes para proporcionar información confiable sobre los materiales, respaldar el cumplimiento regulatorio y facilitar una mejor toma de decisiones a lo largo de toda la cadena de valor.
Y quizás una tendencia transversal a todas las anteriores es que la innovación está dejando de ocurrir dentro de los límites de una sola empresa. Los desafíos son cada vez más complejos y requieren colaboración. La capacidad de articular esas redes de trabajo será tan importante como la innovación misma.
¿Qué mensaje le darías a las empresas del sector que todavía ven la innovación como algo lejano o reservado principalmente para las grandes compañías?
Les diría que cualquier empresa que tenga la disposición de cuestionar la forma tradicional de hacer las cosas y buscar oportunidades de mejora tiene la capacidad de innovar, independientemente de su tamaño.
En muchas ocasiones he visto que las innovaciones más exitosas nacen justamente de desafíos muy concretos del envase y de la operación del día a día: reducir desperdicios, optimizar el uso de materiales, mejorar la reciclabilidad de un envase o generar eficiencias operacionales. No siempre están asociadas a grandes inversiones o desarrollo de tecnología. Por el contrario, muchas veces comienzan identificando un problema y atreviéndose a abordarlo de una manera diferente, o buscando actores que compartan un desafío o un interés común.
Hoy existen más espacios de colaboración que nunca. Gremios, universidades, eventos, centros y asociaciones como CENEM permiten que empresas de todos los tamaños accedan a conocimiento, redes y oportunidades de desarrollo que pueden acelerar sus procesos de innovación.
En un contexto donde la sostenibilidad y la economía circular están redefiniendo las expectativas del mercado del packaging, innovar ya no es una opción para diferenciarse; es una condición para mantenerse relevante.
Más que una exigencia, es un motor de crecimiento, adaptación y creación de valor.
Esa es la gran oportunidad que tiene hoy nuestra industria: transformar los desafíos de sostenibilidad, competitividad y regulación en motores de innovación y crecimiento. Y para lograrlo, necesitamos que cada vez más empresas se sientan parte de esa transformación.
Fuente: CENEM